Somos los elegidos de Dios.
Ganar la lotería es difícil. Que te caiga un rayo mientras cobras ese premio es casi imposible. Pero ambos eventos juntos son una certeza absoluta comparados con el ridículo, absurdo y monumental milagro de que tú estés hoy aquí leyendo esto. A veces nos deprimimos por situaciones cotidianas, olvidando que nuestra propia existencia es el triunfo científico y espiritual más grande de la historia. Si nos ponemos estrictamente técnicos (y un poco biológicos), la frase «somos los elegidos de Dios» no es solo una bonita metáfora de fe; es una verdad matemática respaldada por una competencia brutal. Para empezar, hablemos de números. En un escenario promedio, cada eyaculación libera entre 100 y 300 millones de espermatozoides . Para que te hagas una idea, eso es equivalente a toda la población de los Estados Unidos corriendo hacia una sola meta. Todos tus hermanos y hermanas potenciales —algunos quizás más rápidos, otros tal vez con mejor genética para las matemáticas— iniciaron la car...