México gana medallas pero pierde el rumbo
México acaba de hacer otra vez lo que mejor sabe hacer en el futbol: convertir la mediocridad en tradición y el fracaso en “proceso”. El Tri cayó ante Inglaterra en octavos del Mundial 2026 y, con ello, volvió a quedarse lejos de los cuartos de final. Otra generación, otra promesa, otra explicación y el mismo resultado.
El futbol mexicano tiene una ventaja extraordinaria: nunca fracasa; simplemente “aprende” eternamente.
Lo verdaderamente absurdo es que mientras la selección mayor, sus clubes y sus dirigentes manejan millones como si fueran confeti, los deportistas de otras disciplinas tienen que hacer milagros con presupuestos modestos.
En Santo Domingo 2026, México llevó alrededor de 700 atletas y llegó a los Juegos como campeón defensor, después de haber conquistado 341 medallas en Barranquilla 2018 y 353 en San Salvador 2023. Y mientras los medallistas reciben estímulos de apenas 50 mil pesos por oro, 30 mil por plata y 15 mil por bronce, en el futbol profesional se manejan cifras que harían sonrojar a cualquier secretario de Hacienda.
Ahí está la verdadera caricatura: México sí tiene atletas capaces de ganar; lo que no tiene es una política deportiva capaz de repartir racionalmente la atención y los recursos. Las selecciones juveniles muestran que hay talento; los atletas olímpicos y centroamericanos muestran que hay disciplina.
El problema es que el negocio decidió que el deporte nacional es el futbol y que todo lo demás puede esperar. Para un clavadista, una arquera o una corredora, una medalla vale sacrificios, años de entrenamiento y, con suerte, 50 mil pesos. Para la industria del futbol, una contratación puede costar millones.
Y luego nos preguntamos por qué no somos potencia deportiva.
No es falta de talento. Es exceso de negocio, burocracia, intereses privados y una cultura política que confunde espectáculo con resultados.
El mensaje de Santo Domingo debería ser incómodo: México puede ganar. El problema es que quienes administran el deporte parecen empeñados en que sólo lo haga donde hay cámaras, patrocinadores y dinero.
Y mientras tanto, el Tri seguirá teniendo cuatro años para preparar la próxima derrota.
Porque en México hasta el fracaso tiene calendario.
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