Madre asesina casi liberada

 


El aberrante asesinato de 3 niños a manos de su madre, Lindsay Carter, se volvió viral por un grupo de mujeres de ideología de género que salieron a las calles y a los medios para exigir su liberación porque, según la coartada de su abogado, ella sufría depresión o psicosis postparto. 

El primero de estos dura de 2 a 3 semanas y, en casos graves, sin tratamiento o intervención médica, puede durar más tiempo. Con apoyo, en dos o tres meses se cura. El hijo menor de la señora tenía 8 meses. El segundo, la psicosis, requiere de ciertos requisitos que no se cumplen en el caso de la señora. Si Lindsay hubiese sido psicótica, no hubiera estado conciente de su enfermedad, nunca hubiera pedido ayuda a tanto psicologo o terapeuta, y jamás podría haber planeado meticulosamente su crimen.

El otro discurso de las defensoras de una señora que asesino a sus propios hijos con premeditación alevosía y ventaja es que a la pobre nunca le dieron apoyo en ese tiempo.  

Veamos: El bebé ya tenía más de 8 meses de nacido. No dos días, no 8 semanas, no 3 meses; 8 meses de nacido. 

Sus otros 2 hijos, los niños de 3 y 5 años no estaban con ella de tiempo completo, sola en su depresión pos parto. Ellos estaban en guardería a tiempo completo. 

Su esposo, a quien señalan como culpable esas mujeres de la ideología de género, Patrick, tomó una licencia de paternidad de 12 semanas, y contrataron a una niñera para ayudar con el recién nacido; jamás estuvo sóla u olvidada.

Sumemos otro detalle: Después de que terminaron las 12 semanas de licencia, Patrick sintió que Lindsay necesitaba más ayuda y la apoyó de nuevo, así que decidió mudarse su oficina a casa y empezó a hacer home office. 

Entonces decidieron que ya no necesitaban a la niñera. Patrick se quedó en casa. Siempre tuvo apoyo la señora.

Otro dato importante. Durante meses, la señora culpable confesa, fue con varios especialistas sin decirle a los otros que ya había ido con otros antes. Por eso tenía una lista de medicinas que sorprenden a cualquier perito en juicio. Las medicinas no fueron, de todos modos, ingeridas como se las recetaron.

A Lindsay se le recetaron 13 medicamentos psiquiátricos diferentes durante varios meses. Eso NO significa que estuviera tomando 13 medicamentos simultáneamente. La evidencia de la fiscalía indicó aproximadamente 2–3 a la vez.

Del Zoloft, solo ingirió 7 pastillas. Del Ativan, 6. Del Buspirone, nada más dos pastillas. Del Hydroxzine, nada más 3 y del Trazodona tomó 6. Esto derrumba la farsa del cóctel de fármacos que pudo haber tomado la asesina.

Sumando que su trabajo era de enfermera de parto y maternidad. Su pantomima es evidente.  Ella no era un ama de casa ignorante, ella tenia una trayectoria profesional que sabía que hacerse la loca y pedir medicamentos era una coartada perfecta para asesinar a sus 3 menores hijos. Pero decir que oía voces haría que se los quitaran y, entonces, no los podría asesinar.

Cualquier mujer que esté pasando por una psicosis real, especialmente con la trayectoria profesional en la que estaba, siendo muy educada en esto, habría ido a sus médicos y dicho: ‘Necesito que me los quiten porque creo que voy a matarlos’. Ella no hizo eso.

Hay registros de que buscó en Google como matarlos, el tiempo necesario para hacerlo y después de matar al primero de sus hijos respondió una llamada de y dijo: ‘Estamos bien aquí. Todo está bien. Estamos bien.’” 

Aunado a que, cuando le preguntaron de los medicamentos, dió un desgloce perfecto de sus medicamentos y cómo los tomaba, lo que contradice la supuesta demencia de la asesina.

Y ahora tenemos un juicio nulo. La fiscalía denunciar de nuevo. Tendrá que disminuir la gravedad de la sanción (homicidio simple a sus 3 menores hijos) pero hay la posibilidad de que vaya a la cárcel, lo cuál evitaría un precedente social infame y peligroso de asesinas de niños y parejas sueltas y con licencia para matar.

Ella es el monstruo. No el Frankenstein de Shelley, uno peor, más espantoso, más aberrante, más peligroso. Porque Lindsay es la avanzada del woke world para empezar a asesinar niños y bebés sin consecuencias, sin responsabilidad, sin castigo. El aborto ya no interesa, ahora los matan ya nacidos y las fanáticas de la ideología de la muerte las vuelven heroínas. Es el infierno en la tierra.

Y, mientras tanto, 3 inocentes están muertos. Los mató quien debía protegerlos, amarlos y cuidarlos. Solo las ratas sometidas a presiones extremas de falta de comida y sobrepoblación, encerradas y sin posibilidad de ir a otro lado, matan a sus crías. En condiciones de abundancia (como lo estaba Lindsey, pues su marido ganaba muy bien) jamás lo hacen.

Los niños esperan justicia. Las feministas del jurado esperaban liberar a su asesina. Un solo hombre valiente, coherente y racional impidió la injusticia más grande de la década.

Solo queda esperar el nuevo juicio, la condena y la sanción. O, esperar tiempos más obscuros que cualquier humano con vida actualmente haya presenciado jamás.

¿Qué pensará el meteorito de todo esto?

MORALIDADES, 6 de septiembre de 2026.


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