De las promesas a la realidad. Los 8 años de la izquierda en México.
Bien lo decía un gran maestro de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, al hablarnos de los políticos y sus falsas palabras: "Prometer no empobrece, pero gobernar sin cumplir es lo que más le cuesta al país".
En México, desde 1978, hemos tenido la mala fortuna de contar con presidentes que, o fueron muy malos en su gestión, como López Portillo, Salinas de Gortari y el mismo Vicente Fox, a mandatarios que quisieron, hicieron su esfuerzo, buscaron estabilizar a un país dañado por sus antecesores, pero que pasaron a la historia por confiar en gente recomendada por países vecinos, como Felipe Calderón, cargaron con pesos infinitos de debacle económica, como de la Madrid y Zedillo, o simplemente no supieron cómo gobernar, como Enrique Peña Nieto.
Sn embargo, lo que ha vivido el país en estos últimos 8 años es de espanto. Una pesadilla de escándalos que se desarrollan, uno tras otro, día a día, a veces económico, a veces de salud pública, educativo, cultural, social o, principalmente, de corrupción a escalas inimaginables, con una casi absoluta impunidad y defensa de hordas de "personas" afines al gobierno de izquierda en turno.
En los últimos ocho años, el gobierno federal mexicano —identificado con la llamada “4T”— llegó con una bandera potente: "Erradicar la corrupción", frase poderosa en una nación que llevaba, al menos, 40 años con un aumento alarmante de malos manejos de servidores públicos en todos los niveles, salvándose en la medianía de la eficiencia el poder judicial, especialmente el federal e instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y otros organismos públicos autónomos.
El problema no es la promesa… sino el contraste con la realidad. Y la mentira, el descaro, la hipocresía, la falta de vergüenza, de pudor, del gobierno, en especial el federal, con Andrés Manuel López Obrador, hacían pensar que nadie más podría llegar a hacer un papel tan triste en aquello de siempre prometer y jamás cumplir nada de lo empeñado en el discurso, ante un pueblo hambriento, torpe, becado y, por tanto, brutalmente manipulable. Pero el actual gobierno de la Presidente Sheinbaum está demostrando que nunca hay que decir nunca.
Rocha Moya es un caso único hasta ahora. Con denuncias y pruebas al por mayor desde, al menos, 2022 en la Fiscalía General de la República, se tuvo que conocer formalmente la investigación contra el ahora gobernador con licencia, Rubén Rocha, pero de un gobierno extranjero, Estados Unidos, por narcotráfico y demás delitos propios del crimen organizado, reconocido por nuestros vecinos del norte como terrorismo internacional.
Pero lo de Rocha no es lo único. En este escrito, solo reseño los peores escándalos, de miles, ocurridos en el México chairo que ahora nos está haciendo sufrir:
El escándalo de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) es, sin rodeos, el mayor caso de corrupción del sexenio pasado y que sigue siendo encubierto por el gobierno actual. Recuerden, amables lectores, que hablamos de un escándalo de más de 15,000,000,000 de pesos (quince mil millones de pesos), con contratos a empresas fantasmas, pagos a proveedores sin entrega de productos y desvío de recursos públicos con jamás se había visto. Es de terror pensar que un programa creado para combatir el hambre terminó alimentando redes de corrupción. Ironía jurídica en estado puro.
La empresa productiva del estado, Petróleos Mexicanos, se convirtió en un caso de estudio sobre deterioro estructural. No sólo llevamos 8 años consecutivos con pérdidas millonarias sino que la deuda, sólo de PEMEX, es superior a (si puede sentarse, hágalo) 1,700,000,000,000 de pesos (un billón, setecientos mil millones de pesos). A esto, sumemos los múltiples incidentes en el Golfo de México, en especial Tabasco y Veracruz, que se estiman también en daños ambientales de varios cientos de miles de millones de dólares.
La gestión de la pandemia por parte del gobierno federal generó una de las mayores controversias sociales. En tiempos de COVID, gracias a la ineptitud absoluta de Hugo López Gatell (nunca juzgado, siempre premiado) fuimos en 2020 top 3 a nivel mundial y, al término del suceso, fuimos el séptimo país con más muertos a nivel internacional. ¿Qué sucedió? Se dió un discurso político, no científico y la estrategia fue absurda e inútil. Según INEGI, murió un aproximado de 800,000 personas (ochocientos mil seres humanos).
Para darse una idea, murió más gente en México por el pésimo trabajo del gobierno federal, que la suma de la Guerra Civil Española, la de Afganistán y la guerra de Independencia de EUA. Esto constituye una mancha histórica de irresponsabilidad pública, opacidad gubernamental y absoluta incapacidad e ineficacia estatal.
Resulta que también en otro tipo de actos de corrupción, como la Barredora, como el pago en sobres a un hermano de Andrés Manuel, de nombre Pío (que ya fue archivado por la FGR, por "falta de pruebas") y aunque se prometió acabar con los viejos esquemas, surgieron patrones conocidos: Empresas fachada; casi el 100% de trabajos licitables, ahora se adjudican directamente (como a los amigos íntimos de los hijos de Andrés Manuel) y redes de huachicol fiscal, notarial (como en Veracruz) y de políticos que reciben apoyo directo del CO para obtener cargos públicos. Problemas de corrupción e impunidad con pérdidas históricas aproximadas en cientos de millones de pesos.
El problema no es que haya corrupción en un gobierno —eso ha sido históricamente constante—, sino que un gobierno que llegó prometiendo erradicarla terminó demostrando que combatir la corrupción es mucho más difícil que narrarla.
O dicho más directo: En México, la corrupción no cambia de manos… cambia de discurso.
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